¿CÓMO SE HACE AGRICULTURA ECOLÓGICA?


DISEÑO DE LA FINCA Y DEL CULTIVO

 

Biodiversidad: rotaciones, asociaciones, setos, cubiertas verdes.

 

Si observamos un ecosistema natural, por ejemplo un bosque, veremos que en el conviven numerosas especies, las cuales ocupan diferentes estratos en altura, tienen raíces que ahondan en el suelo a diversas profundidades y presentan distintas necesidades en nutrientes, agua y otras condiciones ambientales.

Esta diversidad es muy importante para el funcionamiento del ecosistema, pues permite un aprovechamiento óptimo de los diferentes recursos que tiene a su disposición, tales como el suelo, el agua, el espacio o la luz.

En los ecosistemas agrarios, por el contrario, tendemos a simplificar, manteniendo unas pocas especies objeto de cultivo. Esta simplificación acarrea diversos problemas:

    a) Todas las plantas necesitan los mismos nutrientes y en el mismo momento, de forma que unos resultarán escasos mientras otros se encontrarán en exceso.

    b) Las plagas y enfermendades que afecten al cultivo encontrarán un sustrato ótimo para su desarrollo.

Con el fin de evitar estos inconvenientes y mejorar nuestra producción a la vez que reducimos los aportes externos, debemos aumentar la biodiversidad de nuestro agroecosistema. Para ello disponemos de las técnicas que se indican a continuación, las cuales debemos utilizarlas conjuntamente para conseguir los mejores resultados.

 

1. Rotación de cultivos.

Las rotaciones de cultivos permiten introducir la biodiversidad en el tiempo. Su práctica es indispensable para mantener la fertilidad de los suelos y evitar los problemas fitosanitarios y de plantas adventicias que pueden suponer la reiteración de determinados cultivos en una parcela.

Algunas normas a tener en cuenta al planificar una rotación de cultivos son las siguientes:

    - Suceder plantas con sistemas radicales y exigencias distintos.

    - Alternar plantas de familias distintas.

    - Favorecer o evitar ciertos cultivos precedentes.

    - Introducir abonos verdes y leguminosas.

Un modelo de rotación de cultivos de huerta de tres años puede seguir el siguiente modelo:

  1. Se encabeza por cultivos exigentes en matera orgánica poco descompuesta: coles, tomate, pimiento, calabacín, pepino, patata, …
  2. Cultivo de leguminosas y hortalizas de hoja con exigencias medias en materia orgánica, pero bastante descompuesta: judías, guisantes, habas, lechuga, acelga, espinaca, puerro, …
  3. Plantas poco exigentes, que prefieren materia orgánica muy descompuesta, de raíz: zanahoria, rábano, remolacha, cebolla, ajo, …

 

2. Asociaciones de cultivos.

La asociación de cultivos introduce la biodiversidad en el espacio, mediante el cultivo de dos o más especies diferentes en la misma parcela, de forma que se beneficien mutuamente o que se beneficie una de ellas sin verse afectada la otra.

Para la elección de las plantas de la asociación buscaremos que estas cumplan las circunstancias siguientes:

    - Crecer mejor juntas que aisladas.

    - No competir entre ellas.

    - Ser inmunes a las secreciones de la otra planta.

Un caso particular de asociación es el de cereal-leguminosa, en la que se beneficia el cereal por el aprovechamiento del nitrógeno fijado por la leguminosa, también se beneficia la leguminosa al utilizar el cereal como tutor y permite obtener forrajes más equilibrados y sanos que los producidos en monocultivo.

Los diferentes cultivos pueden sembrarse mezclados o separarse por líneas o grupos de líneas, dependiendo de la forma en que sea más sencilla la recolección.

 

3. Setos y vegetación de los márgenes.

Los setos y la vegetación de los márgenes pueden ser considerados como una asociación. Además de los beneficios sobre las condiciones climáticas que aportan los setos, podemos favorecer otras relaciones positivas como pueden ser:

    - Atraer los insectos polinizadores, mediante plantas que florezcan en el momento adecuado.

    - Favorecer la presencia de insectos útiles, mediante plantas que les sirvan de refugio o puedan encontrar alimentos en ellas.

    - y, en general, todos los beneficios derivados del aumento de la biodiversidad.

 

4. Cubiertas vegetales.

En los cultivos leñosos, donde las rotaciones son en largos períodos de tiempo y las asociaciones escasas, el mantenimiento de cubiertas verdes permite obtener una elevada diversidad biológica. Junto a los beneficios señalados para los setos y vegetación de los márgenes, las cubiertas favorecen otros efectos como:

    - Reciclar elementos nutritivos, elevándolos de horizontes demasiado profundos o permitiendo aprovechar elementos bloqueados en el suelo.

    - Impedir la erosión del suelo, al mantenerlo cubierto con vegetación.

    - Mejorar la estructura del suelo y la estabilidad estructural.

    - Permitir una elevada actividad microbiológica en el suelo.

    - Servir de nicho ecológico para la entomofauna útil.

    - Aportar materia orgánica al suelo

En las zonas de regadío o con precipitación suficiente, las cubiertas vegetales pueden mantenerse durante todo el año, aunque a veces es conveniente segarla para facilitar algunas tareas como la recolección. Dónde el agua es el principal factor limitante, el mantenimiento de la cubierta durante el período seco puede ser poco aconsejable, siendo recomendable su siega a mediados o finales de primavera, dejando la hierba como acolchado del suelo, y volver a recuperarla con las primeras lluvias de otoño.

Para formar la cubierta puede dar muy buen resultado la flora adventicia, pues estará perfectamente adaptada a las condiciones de nuestro suelo. En muchos casos, sin embargo, es conveniente modificarla para obtener ciertos beneficios, como una mayor presencia de leguminosas para aportar nitrógeno o la eliminación de ciertas hierbas por la presencia de otras con efectos alelopáticos o capaces de desplazarlas por competencia.

 

5. Integración de la ganadería y la agricultura.

Los animales tienen una función muy importante dentro de los sistemas agrícolas: ayudan a la diversificación del sistema, producen estiércol, aprovechan zonas que no pueden ser empleadas para cultivos y juegan un importante papel a la hora de cerrar los ciclos de nutrientes.

Respecto al aumento de diversidad, la ganadería juega un doble papel. Por una parte, la introducción de las especies animales significan en si un aumento importante de la biodiversidad. Por otra parte, la presencia de ganado permite enriquecer las rotaciones de cultivos incorporando forrajes y pastos. Las praderas temporales realizan una importante labor en la mejora del suelo, pues aumentan la estabilidad estructural y la actividad biológica del suelo.

 

Flujo de insumos y producciones.

Las zonas de cultivo deben ir aproximándose al máximo de su autosuficiencia: reciclando nutrientes, utilizando los recursos propios del lugar, encaminándose a una disminución de la energía consumida en la mecanización y al uso de energías renovables.


FERTILIZACIÓN

 

La normativa sobre Agricultura Ecológica (Reglamento CEE nº 2092/91 de 24 de junio) establece que «tanto la fertilidad como la actividad biológica del suelo deberán ser mantenidas o incrementadas en los casos apropiados mediante:

a) el cultivo de leguminosas, abonos verdes o plantas de enraizamiento profundo, con arreglo a un programa de rotación plurianual adecuado y/o

b) la incorporación al terreno de abonos orgánicos obtenidos de residuos procedentes de explotaciones cuya producción se atenga a las normas del presente Reglamento.

Sólo podrán realizarse incorporaciones de los fertilizantes orgánicos o minerales a que se refiere el Anexo II en la medida en que la nutrición adecuada de los vegetales en rotación o el acondicionamiento del suelo no sean posibles mediante únicamente los medios mencionados en las letras a) y b).

Para la activación del compost pueden utilizarse preparados apropiados (preparados biodinámicos) a base de microorganismos o de vegetales.»

 

La fertilización la basaremos, por tanto, en los siguientes elementos:

    - Aprovecharemos adecuadamente la fertilidad del suelo mediante la elección de los cultivos, sus rotaciones y asociaciones.

    - Aportaremos humus y reciclaremos nutrientes con el compost.

    - Daremos vida y movilizaremos los nutrientes del suelo con el abono verde.

    - Potenciaremos ciertos organismos beneficiosos (micorrizas, fijadores de N2) mediante inoculaciones (biofertilizantes) y técnicas agronómicas adecuadas.

    - Corregiremos los desequilibrios con aportes minerales o productos ricos en uno o varios elementos.

Compost y otros aportes orgánicos.

El compostage es un proceso de transformación biológica de la materia orgánica en un producto final, denominado compost, que presenta, respecto a los materiales de partida, las siguientes ventajas:

    - Mayor estabilidad biológica (eliminación de malos olores).

    - Mayor contenido en humus.

    - Menor relación C/N.

    - Menor volumen aparente (compactación).

    - Eliminación de los gérmenes patógenos.

    - Inhibición del poder germinativo de las semillas.

Como tal proceso biológico que es, está condicionado por un conjunto de factores ambientales como son:

    - Aireación: es imprescindible una aireación adecuada, de lo contrario se relentiza la descomposición, se produce la pérdioda de algunos nutrientes y se generan sustancias tóxicas para las plantas.

    - Humedad: cuando es baja se paraliza la actividad biológica y cuando es alta se producen condiciones de anaerobiosis y pérdida de nutrientes por lixiviación.

    - Relación C/N: cuando el N es escaso se paraliza la actividad biológica y cuando está en exceso se producen pérdidas. Debe ser próximo a 30/1.

    - pH: influye sobre la actividad de los microorganismos y sobre la velocidad de las reacciones enzimáticas. Debe ser próximo a la neutralidad.

 

Materiales de partida

1. Restos vegetales. Aportan la celulosa y lignina necesarias para la formación del humus. Pueden proceder de la misma finca (paja, restos de poda, abonos verdes, rastrojos, etc.), de la industria (orujo de uva, frutos no utilizables, pulpas de destilería, serrín de frondosas, etc.) o de cualquier otro origen (hierbas, arbustos, etc.), siempre que sean de cultivo ecológico.

2. Restos animales. Aportan el N necesario para ajustar la relación C/N, junto con P, S y microelementos. Sirve: estiércol, purines, restos de matadero, harinas de pescado, etc. Cómo en el caso anterior, han de proceder de la ganadería ecológica, aunque transitoriamente los Organismos de Control pueden autorizar el uso de estiércoles de ganadería extensiva convencional.

3. Minerales. Rocas finamente molidas o subproductos ricos en uno o varios elementos (turtos de cereales, harina de huesos, sangre, harina de pescado, algas, etc.) para corregir los desequilibrios y carencias de nuestro campo. Deben ser productos incluidos en el Anexo II del Reglamento o derivados vegetales o animales producidos ecológicamente.

4. Correctores del pH. Si se preve una reacción ácida y, principalmente, si se va a incorporar en tierras ácidas. Lo mejor son carbonato cálcico o carbonato potásico en forma de roca pulverizada o ceniza de madera. Cuando se tenga un suelo básico puede incorporarse tierra. Menos buena es la cal muerta, nunca la cal viva.

 

Confección del montón

Existen muchos métodos de elaboración del compost: en montón, en zanja, en reactores. Aquí veremos el primero por ser el más sencillo y adecuado a las condiciones de nuestra zona.

Emplazamiento óptimo: en zonas con pendiente ligera y buen drenaje; con la solera natural preferente al hormigón o cemento; protegida de los vientos dominantes, de la insolación directa y de las lluvias fuertes; de fácil acceso y maniobravilidad para la maquinaria; lo más cerca posible de la fuente de materias primas y del lugar de utilización y con disponibilidad de agua.

Forma: el montón se hace de sección triangular o trapezoidal (con más pendiente cuanto más lluvioso sea el clima) y con la longitud que sea posible. Pueden hacerse montones mayores si se aporta aireación forzada. Si el montón es mayor se dificulta la aireación y si es menor se pierde nitrógeno y otros nutrientes por volatización.

Dimensiones: el ancho de la base del montón se hace de 2 a 3 metros, aunque se puede aumentar si se garantiza la aireación suficiente del interior de la zona interior. La altura viene dada por la pendiente que se le de al montón y la longitud no tiene más límites que los puestos por el espacio disponible.

Realización: en la parte inferior puede ponerse una capa de ramas y pajas que mejoran la aireación. Después se aportan los distintos materiales bien triturados: directamente si se han mezclado previamente o si la composición es homogénea o en capas sucesivas de 15-20 cm de grosor.

El montón se iniciará por un extremo, dándole desde el principio la sección definitiva.

Es conveniente añadir tierra para que la formación del complejo arcillo-húmico proteja al humus de la mineralización. Esta terra debe proceder de las capas superficiales para que aporte microorganismos de descomposición. Si es tierra caliza hace, además, el papel de regulador del pH, pero deberemos limitar la cantidad aportada (2-5 % si es muy caliza) para no basificar en exceso el montón.

También debe aportarse compost maduro, bien formando una cubierta de 1-3 cm o bien incorporándolo en una proporción del 10 al 15 %, para que aporte microorganismos y sirva de arranque al proceso.

Se riega el montón hasta que todo él esté embebido, pero de manera que no escurra cuando se aprete un puñado. Si los materiales empleados son pobres en N o quiere acelerarse el proceso, pueden emplearse purines para regarlo.

Finalmente, el montón se cubre con una capa delgada de tierra arenosa, paja o ramas que lo protejan de las variaciones ambientales externas pero permita el intercambio gaseoso.

El resultado final debe ser materia orgánica humificada (elevado contenido de ácidos húmicos y fúlvicos), en la cual la estructura fibrosa se habrá transformado en una masa granulosa, esponjosa, que se desmenuza con facilidad, de color oscuro y olor agradable.

Abonos verdes.

Son cultivos realizados con la función principal de incorporarlos verdes al suelo como abono.

 

Efectos:

    - Recuperar los elementos libres, evitando su pérdida por lixiviación, volatización, etc.

    - Proveer al suelo de materia orgánica de descomposición rápida que eleva la vida microbiana.

    - Estimular el suelo por la presencia de rizosferas renovadas y variadas.

    - Ataque de la roca madre liberando nutrientes nuevos y movilización de nutrientes de difícil asimilación por otras plantas.

    - Aporte de nitrógneo, a través de la fijación biológica.

    - Mejora de la estructura del suelo y de su estabilidad.

    - Mejora de la capacidad de retención de agua y del drenaje.

 

Momento de realización:

Puede hacerse en tres momentos distintos: intercalado entre dos cultivos, como si fuese un cultivo más de la rotación, asociado a un cultivo durante todo su ciclo o asociado a un cultivo, sembrándolo una vez ya crecido, de forma que quede intercalado.

 

Especies utilizadas:

Las especies utilizadas deben ser en general:

    - Poco exigentes en suelo y clima, principalmente las intercalares que suelen cultivarse cuando no son posibles otros cultivos.

    - No necesitar cuidados culturales.

    - No entorpecer a los cultivos: desarrollo rápido en las intercalares y permitir la recolección en las asociadas.

Deben elegirse según su finalidad:

    - Aportar nitrógeno: leguminosas.

    - Aportar materia orgánica algo estable (con elevado contenido en celulosa): gramíneas verdes pero no tiernas.

    - Formar mucha materia orgánica de fácil descomposición para revitalizar los suelos: especies con elevado contenido en azúcares.

    - Explotar determinados nutrientes muy abundantes para equilibrar el suelo y evitar pérdidas (las adventicias suelen hacerlo).

    - Movilizar nutrientes no asimilables por el cultivo (estado poco soluble o localizados a profundidad inadecuada).

    - Poder ser explotadas por el ganado.

    Las familias más utilizadas son leguminosas (veza, guisante forrajero, haba caballar, tréboles, lupulina, altramuz, guisante de invierno, etc.), gramíneas (avena, ray-grass, centeno, etc.), crucíferas (mostaza, nabo forrajero, colza, etc.).

 

Incorporación

Uno de los principales problemas que se plantea en su uso es el rebrote, que las convierte en adventicias del siguiente cultivo. Para evitarlo deben pastarse o segarse varias veces a unos 10-15 cm de altura o incorporarlo mediante la técnica de laboreo invertido de J.M. Roger:

    1. Segar las plantas lo más bajas posible.

    2. Primera labor muy superficial que triture los restos (p.e. grada de discos).

    3. A las 2 (zonas o periodos secos y cálidos) a 4 (zonas o épocas húmedas y frías) semanas una segunda labor más profunda.

    4. A las 2 a 4 semanas una tercera labor aún más profunda (unos 10 cm).

    5. Si es necesario, a las 2 a 4 semanas labrado (con arado sin vertedera) más profundo (12-15 cm).

El suelo se activa mucho con la incorporación del abono verde, pero los posibles rebrotes y germinaciones son destruidos con las sucesivas labores. Cuidaremos que los rebrotes no crezcan, adelantando las labores si fuera necesario, para agotar las raíces. Cuando se siembra el suelo sigue muy activo y se ha mineralizado parte del abono, además, al no hacer labores excesivamente profundas e ir profundizando poco a poco, las raíces muertas se irán descomponiendo conforme avanzan las del cultivo.

 

Biofertilizantes.

 

Un elemento importante a considerar son los procesos biológicos que afectan a los ciclos de los nutrientes, las características físicas del suelo o, directamente, al desarrollo de las plantas. Estos procesos pueden resumirse en los siguientes puntos:

    - Fijación de nitrógeno atmosférico

    - Mejora de la absorción de nutrientes por las plantas

    - Solubilización de nutrientes del suelo

    - Transformación y mineralización de la materia orgánica

    - Mejora de la estructura del suelo

    - Incremento de la resistencia de las plantas al estrés hídrico y a la salinidad

    - Liberación de sustancias que favorecen el crecimiento y desarrollo de las plantas

    - Defensa de las plantas frente a las plagas y enfermedades

Los organismos implicados en estos procesos pueden ser aislados, seleccionados, multiplicados e incorporados al suelo o a las plantas en forma de inóculos conocidos como fertilizantes biológicos.

El proceso de inoculación es complejo. Por una parte se han de diseñar los métodos de aislamiento, selección, multiplicación e incorporación adecuados para cada especie o efecto deseado. Por otra de han de determinar las condiciones y técnicas culturales que permitan una óptima manifestación de los efectos.

Esta complejidad, junto al hecho de que en muchas ocasiones los organismos a inocular están presentes de forma natural en el suelo, hace que en algunos casos no sea tan aconsejable la inoculación como un correcto manejo del suelo y de los cultivos tendente a mejorar los procesos realizados por las poblaciones naturales.

 

Fijación biológica del nitrógeno

La atmósfera es rica en nitrógeno, pero las plantas no pueden utilizarlo debido a que se encuentra en estado molecular (N2). Sólo unos pocos microorganismos procarióticos pueden transformar el nitrógeno molecular en compuestos orgánicos, utilizables por los seres vivos, a través del proceso conocido como fijación biológica del nitrógeno (FBN).

Los microorganismos de vida libre tienen un escaso rendimiento por unidad de superficie, por lo que el interés se ha centrado en aquellos capaces de establecer relaciones más o menos estrechas con las plantas, capaces, en algunos casos, de fijar hasta 250 kg de N por ha y año.

Los organismos más importantes son algunas bacterias capaces de formar asociaciones rizocenóticas con gramíneas (Azospirillum, Azotobacter, Beijerinckia), bacterias que establecen simbiosis con leguminosas (Rhizobium, Bradyrhizobium, Azorhizobium), actinomicetos simbióticos con plantas leñosas (Frankia) y algas cianofíceas que forman simbiosis con diversas plantas (Nostoc) o con helechos (Anabaena).

 

Mejora de la absorción de nutrientes por las plantas

Este efecto es llevado a cabo, especialmente, por las micorrizas, asociaciones simbióticas mutualistas entre hongos y raíces de plantas terrestres.

Las hifas externas del hongo, debido a su longitud y distribución, permiten explorar un volumen de suelo superior al que pueden utilizar las raíces no micorrizadas, lo que mejora la nutrición de la planta, especialmente en los elementos que tienen baja movilidad y están presentes en bajas concentraciones en la solución del suelo, como fosfatos, amonio, cinc o cobre.

Las micorrizas también mejora la resistencia de las plantas al estrés hídrico y a la salinidad, afectan a la fisiología de las plantas, reducen la sensibilidad de la raíz a patógneos del suelo y mejoran las asociaciones fijadoras de nitrógneo.

 

Solubilización de nutrientes

Los nutrientes pueden encontrarse en diferentes formas químicas en el suelo y para que las plantas puedan asimilarlos es necesarios que sean solubles en agua. Algunos microrganismos son capaces de transformar las formas no solubles de algunos compuestos en formas asimilables.

Los fosfatos pueden ser solubilizados especialmente por algunas bacterias de los géneros Pseudomonas y Bacillus, aunque se conocen otras muchas especies de bacterias y hongos capaces de llevar a cabo este proceso.

Otros nutrientes de los que se conocen organismos solubilizadores, aunque menos estudiados, son el potasio, el azufre, el hierro y el manganeso.

 

Mejora de la estructura del suelo

Numerosos microorganismos, principalmente bacterias y hongos, junto con algunos componenetes de la mesofauna, como las lombrices, son capaces de mejorar al estructura y la estabilidad estructural de los suelos. Estos efectos son debidos a que, por ellos mismos o a través de sustancias producidas por ellos, son capaces de ligar las partículas de suelo formando agregados.

 

 

Tabla de biofertilizantes

Aportes minerales y de nutrientes específicos.

 

Pueden ser de origen orgánico (purín, lisier, harinas, tortas, algas) o mineral (rocas sometidas a tratamientos físicos) y su característica común es que contienen uno o varios elementos en proporciones relativamente elevadas. Se emplean para corregir las carencias o desequilibrios que puedan presentarse en el contenido en nutrientes del suelo. Nunca deben plantearse como la base del abonado, pues en ese caso estaremos practicando agricultura convencional con productos naturales.

La utilización de estos productos debe realizarse con precaución. Los que son muy solubles (purín, lisier, harinas) pueden elevar en exceso la concentración en nutrientes del suelo, lo cual ocasiona diversos problemas como: daños a la microflora edáfica, desequilibrios en el crecimiento de las plantas, antagonismos con otros nutrientes, pérdidas por lixiviación o por erosión, conataminación de las aguas subterráneas y superficiales. La mala utilización de algunos de estos productos puede ser perjudicial para la estructura del suelo, especialmente los que contienen cloruros. Si su solubilidad es baja no suelen presentar estos problemas, pero se corre el riesgo de hacer aportes inútiles, al quedar bloqueados los nutrientes en el suelo.

Por todo ello, de forma genérica se recomienda aportarlos a través del compost. Así, los nutrientes se incorporan a complejos orgánicos que no presentan los riesgos señalados anteriormente.

 

Tabla de productos que aportan nutrientes

 

 


LABOREO Y CONTROL DE LAS PLANTAS ADVENTICIAS

 

Se entiende por laboreo cualquier acción mecánica sobre el suelo, realizada para que éste ofrezca las condiciones ideales para el desarrollo de la vida vegetal. En este sentido, deberá considerarse que estas condiciones deben ser óptimas, primero, para la germinación de las semillas y, después, para el desarrollo de la actividad radical.

En los medios naturales, estas acciones son ejercidas por los agentes climáticos (hielo y deshielo, variaciones de temperatura, cambios de humedad, etc.) y biológicos (galerías de animales y raíces, movimientos de partículas por animales, etc.), pero, aunque en nuestro suelo se dan también estos procesos y debemos potenciarlos, nosotros podemos acelerarlos o modificarlos a nuestra conveniencia, aunque no debemos olvidar la vocación del conjunto suelo-clima, para adaptar a ella el cultivo y las técnicas culturales.

 

 

Objetivos del laboreo

 

Los fines generales del laboreo pueden resumirse en los siguientes puntos:

    A. Preparar el suelo para la siembra.

    B. Asegurar una buena fertilidad.

    C. Incrementar la resistencia del suelo a los agentes ambientales (mejorar la estabilidad estructural).

Para ello, los objetivos concretos que pueden perseguirse con el laboreo son muy numerosos y variados. De ellos destacamos:

    - Favorecer o reducir algunas de las condiciones físicas, químicas o biológicas que se describirán más adelante.

    - Incorporar en el suelo enmiendas y abonos.

    - Controlar las plantas adventicias.

    - Reducir el número y actividad de los patógenos.

    - Formar regueras y eras de cultivo.

    - Aporcar, recalzar o desaporcar determinadas plantas.

    - Extraer del suelo raíces y tubérculos.

 

 

Estado óptimo del suelo para el laboreo

 

El laboreo del suelo tiene siempre un efecto de rotura de los poros y disgregación de agregados, pero el grado en que se producen estos efectos está íntimamente relacionado con el contenido en humedad del suelo.

Cuando se labra con poca humedad se obtiene una estructura cavernosa o terronosa, que suele resultar desfavorable, o se produce un desmenuzamiento excesivo de los agregados y la obturación de muchos poros. Por el contrario, las labores hechas con demasiada humedad suelen amasar y cementar las partículas disgregadas al secarse el suelo, obteniendo también condiciones desfavorables.

Se impone, en consecuencia, caracterizar el estado adecuado de humedad del suelo para poder obtener, mediante el laboreo, la estructura grumosa que es más recomendable. Este estado de humedad se conoce como estado de tempero o sazón.

Sin embargo, aunque el estado de tempero sea el más habitual para el laboreo, existen algunos casos concretos en los que se ha de labrar con contenidos de humedad distintos al del estado de tempero. Así, para obtener tierra fina (por ejemplo al preparar el suelo para la siembra de semillas pequeñas) puede ser necesario labrar con el suelo bastante seco. Para obtener prismas de tierra compactos, que puedan sufrir la meteorización invernal sin grandes riesgos de erosión, puede interesar un estado de humedad superior al del tempero.

 

 

Efectos del laboreo en el suelo

 

El laboreo actúa directamente sobre diversas propiedades físicas del suelo, como la aireación, humedad, estructura y temperatura y, como consecuencia de estas acciones, influye indirectamente sobre las propiedades químicas y biológicas.

 

Acción sobre las propiedades físicas del suelo.

Humedad: saneamiento, en los climas húmedos y suelos encharcados, mediante labores de drenaje, o conservación de la humedad, en los climas secos o estaciones áridas, aumentando la velocidad de infiltración del agua y la capacidad de retención y reduciendo la evaporación al romper la capilaridad.

Aireación: el mullimiento, con el correspondiente aumento de la porosidad, facilita la aireación del suelo y favorece la difusión gaseosa entre la atmósfera edáfica y la exterior.

Temperatura: las labores reducen, en principio, las oscilaciones térmicas del suelo. Sin embargo, la destrucción de las plantas adventicias y la incorporación de los residuos de cosecha pueden tener un efecto inverso.

Estructura: las labores realizadas en condiciones adecuadas deben favorecer, en general, la formación de una estructura grumosa, con agregados de tamaños variables (1 a 5 mm).

Suela de labor: la realización de labores repetidas a la misma profundidad, principalmente con aquellos aperos que o bien disgregan mucho el suelo o bien presionan las capas inmediatamente inferiores a la profundidad de trabajo, conduce a la formación de una capa bastante dura e impermeable, difícil de ser atravesada por las raíces y por debajo de la cual suele faltar el aire y la humedad.

 

Efectos sobre las propiedades químicas del suelo.

Movilización de los elementos nutritivos: la disgregación mecánica de los terrones de suelo, la mayor aireación y las condiciones más favorables de humedad aceleran los procesos de meteorización y mineralización, provocando una mayor liberación de los elementos nutritivos contenidos tanto en la fracción mineral como en la orgánica.

Solubilización de los compuestos minerales: una vez disgregados los terrones y movilizados los elementos minerales, su solubilización se ve, asimismo, favorecida por el laboreo, tanto por la más fácil circulación del agua en el suelo como por el mayor desprendimiento de CO2 que se produce en la rizosfera de los suelos bien labrados.

Oxidación de los elementos minerales y orgánicos: el aumento de la porosidad y de la aireación favorecen la oxidación de los elementos minerales y orgánicos que, de esta manera, pueden ver favorecida su asimilación por las plantas (NO3-, SO42-) o reducida su toxicidad (Mn, B, Zn).

 

Acción sobre las propiedades biológicas del suelo.

Sobre los microorganismos del suelo: la acción sobre las propiedades físicas y químicas enumeradas anteriormente, si se realiza correctamente, puede favorecer la vida del suelo, lo que se traduce en un mayor número de organismos por unidad de suelo e incremento de su actividad.

También las labores permiten luchar eficazmente contra las adventicias y destruir numerosos parásitos, rompiendo los ciclos de los mismos y exponiendo a la acción de la intemperie larvas, huevos y esporas.

Sobre el desarrollo y actividad radical: la fisuración y la aireación del terreno, si están bien realizadas, favorecen el desarrollo de las raíces y su actividad. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que la creación excesiva de macroporos puede dificultar la absorción de agua y elementos nutritivos, que la formación de suela de labor impide el crecimiento de las raíces por debajo de ella y que el laboreo puede dañar directamente algunas raíces.

 

Bases de planificación del laboreo

 

En el laboreo, como en las demás técnicas agronómicas, no existen recetas aplicables de forma general. Cada caso concreto debe ser estudiado en función del suelo, el clima, el cultivo y las otras técnicas empleadas. A partir de éstos datos y conociendo los efectos del laboreo sobre el suelo y las características del mismo que se desean tras la labor, es posible determinar el tipo de trabajo a realizar, la forma concreta en que se ha de llevar a cabo y el momento oportuno para ejecutarlo.

Concretando, las bases mínimas que nos permiten planificar adecuadamente el laboreo son:

    - Características que debe reunir el suelo tras la labor y profundidad en la que se han de lograr: debe quedar un suelo suelto en profundidad (patata, zanahoria, guisante), asentado (cereales), fuerte (prados, colza, abonos verdes), superficialmente bien disgregado (siembra), firme en profundidad y ligero en superficie (judías verdes).

    - Las características del suelo: en los suelos arcillosos, pesados, suele interesar disgregarlos y romper estructuras compactas. Mientras que en un suelo arenoso, suelto, interesará aumentar la cohesión (evitar labores en seco, aperos poco disgregadores, incorporación progresiva de la materia orgánica en profundidad).

    - Las condiciones meteorológicas actuales y previstas: debe prepararse el suelo para acumular agua, retener la existente, drenar el exceso de humedad, permitir un calentamiento rápido en primavera.

    - La evolución de la materia orgánica en el suelo: debe mineralizarse o, por el contrario, debe asegurarse un contenido suficiente.

    - El manejo de las plantas adventicias, tanto de las presentes en el momento actual como de las que pueden aparecer en el futuro.

    - Determinados intereses concretos, como puede ser incorporar un abono en profundidad.

    - La resistencia que ha de mostrar el suelo a los procesos erosivos.

    - La disponibilidad de tiempo y de material.

A la vez, el laboreo condiciona otras operaciones de cultivo. Por ejemplo, la necesidad de realizar una escarda nos puede obligar en un momento determinado a realizar labores repetidas, las cuales dejarán el suelo mullido. Estas labores condicionarán el cultivo siguiente y puede ser necesario variar la rotación que se había previsto anteriormente.

Para asegurar el éxito, debemos adaptar la elección del cultivo a las características del suelo, reduciendo al máximo las alteraciones necesarias.

 

Consideraciones generales

 

Sin ser normas estrictas, de forma general debemos procurar cumplir los siguientes principios:

    - No labrar por rutina, sino cuando sea necesario, reduciendo al máximo el número de labores.

    - Conservar el perfil del suelo o potenciar su formación si es necesario, evitando voltear el suelo o mezclar horizontes.

    - No producir alteraciones bruscas en las condiciones del suelo: profundizar de forma progresiva.

    - Potenciar el laboreo natural por las raíces y los organismos del suelo: rotaciones y asociaciones con diferente profundidad radical, aportes de materia orgánica, abonos verdes, etc.

    - Trabajar el suelo en el momento adecuado (tempero).

    - No incorporar en profundidad materia orgánica fresca.

    - Mantener el suelo cubierto, mediante cubiertas vivas, con acolchados o con el propio cultivo.

Estos principios sólo debemos alterarlos cuando tengamos la necesidad de producir efectos concretos (incorporar en profundidad un abono, etc), aunque en muchos casos esa necesidad es síntoma de que algo se ha hecho mal.

 

 

Preparación del lecho de siembra

 

Los requisitos que son necesarios en un lecho de siembra son los siguientes:

    - Buen contacto entre las semillas y las partículas del suelo, para lo cual ha de obtenerse al menos un 50 % de agregados cuyo tamaño sea menor al de la semilla.

    - Facilidad para tomar agua y capacidad para almacenarla.

    - Suelo bien aireado, para lo cual es necesario la presencia de poros grandes.

    - Suelo suelto por encima de la semilla, para permitir la emergencia de la plántula.

    - Posibilidad de desarrollo de las raíces, es decir, presencia de poros grandes.

    - Ausencia de adventicias, cuya competencia es crítica en este período.

En las tierras equilibradas y estables se recomienda preparar el lecho de siembra con labores superficiales, de hasta unos 15 cm de profundidad. En tierras arcillosas y limosas, para rehacer la porosidad, y en aquellas en las que se ha producido una migración de elementos en profundidad puede interesar labores profundas, aunque a largo plazo es preferible corregir estas tierras mediante el empleo de abonos verdes o cubiertas verdes permanentes.

El sistema más recomendable, de forma general, es el empleo de los cultivadores de brazos elásticos o rígidos con resorte. Su principal inconveniente es la dificultad que presentan los residuos de cultivos precedentes en la siembra, aunque en climas erosivos estos residuos protegen la superficie del suelo y ayudan a mantener la permeabilidad superficial. Sus principales ventajas son: conserva el perfil del suelo; permite diversas labores cambiando sólo las rejas; se puede labrar dentro de un margen bastante amplio de humedad; en zonas donde interesa conservar el agua permite el cultivo con cubierta de rastrojos (stubble mulch) usando escardillos de ala ancha para cortar y aflojar el suelo a 5 ó 10 cm de profundidad.

Sin embargo, como ya hemos señalado, no debemos pensar en que este sistema es la solución universal: cuando se necesitan lechos de siembra muy finos para semillas pequeñas, la fresadora puede ser el apero más conveniente; si es necesario incorporar abonos en cierta profundidad es más adecuada la grada de discos.

 

Incorporación de abonos verdes

 

En la incorporación de abonos verdes deben cuidarse varios aspectos:

    - Al principio, el abono debe incorporarse al suelo muy superficialmente (unos pocos centímetros) para que pueda descomponerse en condiciones aerobias.

    - El abono verde debe, en muchos casos, desmenuzarse para que no interfiera en las demás labores.

    - Por lo general, debe impedirse el rebrote de las plantas para impedir que se conviertan en adventicias de los siguientes cultivos.

Un sistema muy eficaz es el laboreo invertido descrito más adelante, en el cual se puede suprimir el último pase de vertedera, pues permite una incorporación y compostage progresivos del abono, su desmenuzamiento, si se emplean los aperos adecuados en las primeras labores, e impide el rebrote al agotar las plantas poco a poco.

El apero que mejor reúne las funciones de desmenuzar y enterrar superficialmente es la grada de discos, principalmente si se emplean discos acanalados.

 

Escardas

 

Las hierbas adventicias pueden interferir con los cultivos, unas veces de forma negativa, compitiendo por los nutrientes, el agua, el espacio o la luz, y, en otros casos, positivamente, en el control de la erosión, mejora de la estabilidad estructural, mejora de la infiltración y retención de agua, refugio y alimento de insectos benéficos, creación de macroporos, intensificación de la actividad biológica del suelo, movilización de nutrientes bloqueados, indicación de las condiciones del suelo, etc. Por ello, cuando hablamos de escardas en agricultura ecológica no debemos pensar en la eliminación total de las hierbas, además de imposible y costoso es de efectos nefastos, sino en el manejo y control adecuado que impida que la competencia de las plantas adventicias perjudique el rendimiento económico de los cultivos, a la vez que potencie los efectos favorables.

Los métodos de lucha más empleados en A.E. para combatir las adventicias son su agotamiento, mediante labores repetidas en las que es aplicable todo lo referente a los abonos verdes, y dificultar su desarrollo mediante malhojos u otro tipo de acolchados. Sin embargo, las adventicias más comunes son plantas adaptadas a ecosistemas degradados y, por tanto, la forma más eficaz de evitarlas es que nuestro campo esté lo menos degradado posible (buena estructura y perfil, cubierta permanente, etc).

Existen rejas especiales para los cultivadores, conocidas como extirpadoras o de cola de golondrina, muy anchas, especiales para combatir las adventicias. Ajustando de forma correcta la distancia entre los brazos es posible utilizarlas con o sin cultivo establecido. Las fresadoras realizan una escarda muy eficaz, pero no conviene usarla reiteradamente pues favorece la creación de suelas de labor. Últimamente se está estudiando la influencia de la luz en las escardas mecánicas, pues parece que resultan más eficaces si se realizan de noche o con cubiertas opacas especiales que impiden la incidencia de la luz sobre las semillas. Las gradas de puas flexibles son eficaces cuando las hierbas son muy pequeñas y tienen la ventaja de poder realizar escardas de post-emergencia en algunos cultivos.

En la huerta, si no empleamos acolchados, favoreceremos el control de las adventicias con las siguientes medidas:

    a) siempre que sea posible plantaremos en lugar de sembrar, con ello evitaremos la competencia de las adventicias en el momento más crítico y lograremos que el cultivo cubra antes el suelo;

    b) separaremos al máximo las líneas, a la vez que aumentaremos la densidad dentro de las mismas, favoreciendo las escardas mecánicas entre líneas;

    c) evitando el monocultivo, mediante las rotaciones y asociaciones apropiadas.

En los cultivos leñosos debemos estudiar la necesidad de escardar. En la mayoría de los casos es preferible segar la hierba, dejando los restos como acolchado o retirándolos para favorecer el riego. En estos casos, la competencia por el espacio y la luz son nulos y por los nutrientes muy reducida, de forma que debemos centrarnos en la competencia por el agua, como veremos al hablar del no-laboreo.

Junto a la escarda mecánica existen otros métodos para el control de la flora adventicia. Las prácticas alelopáticas consisten en plantar especies que dañan a las hierbas que queremos controlar, como es el caso de Avena sp. sobre la mostaza silvestre (Brassica kaber), la de los pepinos sobre Echinocloa crusgoli y Amaranthus retroflerus, la amapola sobre el trigo, las coles para la grama del norte (Agropyrum repens), la avena loca y el centeno, la mostaza sobre las gramíneas o los nabos para la cebada.

En algunas zonas está muy extendido el control térmico. Se realiza con quemadores de gas suspendidos sobre una barra o mediante infrarojos. No se trata de quemar las hierbas, sino de darles un 'golpe de calor' que las dañe hasta el extremo de eliminarlas, por lo que sólo es eficaz en plántulas jóvenes. Algunos cultivos, como maíz y cebollas, admiten tratamientos de post-emergencia, mientras que otros, como la zanahoria y las remolachas, sólo permiten realizarlos en pre-emergencia.

Otro sistema térmico es la solarización. Se cubre el suelo húmedo durante uno a tres meses con plástico transparente, enterrándose los extremos para garantizar un buen cierre. El calentamiento del sol eleva la temperatura de la capa superficial del suelo lo suficiente para eliminar numerosas semillas. A la vez produce un cierto efecto esterilizante que se ha de tener muy en cuenta.

Por último, debemos tener en cuenta que la mayoría de las adventicias más perjudiciales son especies pioneras, colonizadoras de suelos degradados, con una elevada capacidad de competencia. Potenciar la fertilidad natural de nuestro suelo, procurar una buena estabilidad estructural y mantener un elevado nivel de biodiversidad no sólo permite el crecimiento óptimo de nuestros cultivos, también impedirá la invasión de nuestra tierra por las hierbas más temidas.

 

 

Subsolado

 

Los subsolados se emplean para aflojar el subsuelo, romper suelas de labor y capas compactas o mejorar la penetración del agua y el drenaje. Sin embargo es difícil predecir su efecto y eficacia por la influencia del contenido de agua, de su distribución en el perfil y las características del suelo. Las grietas abiertas pueden comportarse como canales que aumentan la superficie evaporante del suelo. Requieren mucha potencia y por tanto son labores costosas y se hace necesario el empleo de maquinaria pesada, la cual puede compactar el suelo contrarrestando el efecto buscado. Para evitar este último inconveniente, en algunos sitios, sobre todo en viveros, se emplea un cabrestante que arrastra el apero con un cable; de esta forma se necesita menos energía y se evita compactar el suelo con el peso del tractor.

 

 

El sistema de laboreo invertido de J.M. Roger

 

Para preservar la estabilidad estructural y la vida microbiana del suelo y fatigar la vegetación adventicia, puede emplearse el sistema de laboreo invertido. Se empieza con las labores más superficiales y se va profundizando en las siguientes, empleando aperos como el cultivador o las gradas que no alteran el perfil del suelo. De esta forma la materia orgánica se va compostando conforme se profundiza en cada labor. Para ello han de pasar, al menos, de 8 a 10 días en períodos de actividad microbiana intensa y hasta tres semanas en las épocas húmedas o frías, cuando la vida del suelo está relentizada.

Una vez realizadas entre dos y cuatro labores, se puede dar un pase de vertedera con una profundidad igual o ligeramente superior a la labor anterior, el cual ya no perjudica a los organismos del suelo, pues toda la capa volteada ha sido aireada, y la materia orgánica que se entierra está ya descompuesta. Sin embargo, el suelo ha de estar en un estado de tempero correcto para que resulte eficaz.

Finalmente el suelo se alisa mediante un pase de grada y se siembra. Las raíces del cultivo anterior y de las adventicias no tocadas por el labrado se descompondrán de forma progresiva, asegurando la fertilización y una tierra más mullida en profundidad a medida que se desarrolla el sistema radical del cultivo.

Este sistema puede ser empleado para preparar la siembra, especialmente si existen problemas de adventicias, y para incorporar los abonos verdes.

 

 

El no-laboreo y el laboreo mínimo

 

Sin entrar en los sistemas de no-laboreo practicados en la agricultura permanente (permacultura) y en la agricultura natural de Masanabu Fukuoka, es posible practicar el no-laboreo y el laboreo mínimo en la A.E. sin el empleo de herbicidas.

En todos los casos, el suelo se mantiene cubierto, bien sea mediante praderas permanentes, rastrojos del cultivo anterior o bien con malhojos u otro tipo de acolchados, con el fin de limitar el crecimiento de adventicias y favorecer el laboreo natural.

En el laboreo mínimo se dan pases superficiales con aperos ligeros, generalmente cultivadores con rejas anchas, de forma que el suelo se mulle en superficie, sin alterar las capas profundas y sin mezclar los horizontes.

El no-laboreo se emplea principalmente en cultivos leñosos. En las zonas donde el agua no es un factor limitante, dan excelentes resultados el empleo de praderas permanentes como cubierta del suelo. Donde el agua si sea limitante se ha de estudiar cuidadosamente el balance hídrico con cada técnica, pues en algunos casos, debido a la mayor condensación de humedad (precipitación horizontal) y a la disminución de las temperaturas máximas a nivel de suelo, puede ser más favorable el mantenimiento de la hierba. En el caso contrario caben dos opciones:

    - Segar la hierba a ras de suelo cuando se inicia el período de sequía, y utilizarla como malhojo. En general, la primera siega se realizará a mediados o finales de primavera, cuando veamos que la reserva de agua del suelo empieza a disminuir y ya no son previsibles nuevas lluvias. Según observemos el crecimiento de nuevas hierbas y la cantidad de agua disponible, puede ser suficiente con esta primera labor o necesitar dos o tres siegas a lo largo del verano, rara vez más. Llegado el otoño, con sus abundantes lluvias, ya no suele ser necesario preocuparnos por las hierbas, salvo que éstas supongan otros transtornos como dificultar la recolección.

    - Utilizar otro tipo de cubiertas, como paja, compost, estiércol, turba, grava, etc.

También se realiza el no-laboreo en cultivos herbáceos extensivos. Para ello se deja el rastrojo sin levantar y cuando se ha de sembrar el cultivo siguiente se emplean trenes de aperos compuestos por una reja que abre el surco, una sembradora, una abonadora y rejas cubridoras. Al mantener la tierra permanentemente cubierta se reduce drásticamente la erosión, incluso en terrenos con pendientes moderadas y lluvias torrenciales. Si el rastrojo es bastante cerrado se evita el crecimiento de hierbas, pero en muchos casos éstas limitan la aplicación del no-laboreo.

 

 

Potenciar el laboreo de la naturaleza

 

La actividad de los seres vivos que se desarrollan en la tierra, como las raíces de las plantas, las lombrices o el conjunto de microorganismos, es insustituible. Toda esta actividad hay que potenciarla, ya que trabajan la tierra de forma muy eficiente y gratuita.

Las raíces de las plantas tienen efectos variados y beneficiosos. En sus rizosferas se produce una elevada actividad microbiológica, varias veces superior a la del suelo circundante, y en esa actividad se producen las sustancias responsables de la formación de los agregados y de la estabilidad estructural. Extraen nutrientes de las capas profundas, elevándolos a la superficie con igual eficacia que la vertedera. Al morir, donde estaban sus raíces quedarán poros de diversos tamaños, incluso hasta profundidades mayores de las que puede alcanzar el más potente de los subsoladores.

Los grandes artrópodos detritívoros, entre los que destaca la lombriz, no sólo juegan un papel fundamental en la descomposición de la materia orgánica, realizan profundas galerías, remueven grandes cantidades de tierra, mezclan los distintos componentes del suelo y, a través de sus segregaciones gástricas y de los exudados, contribuyen a la formación de agregados.

Para potenciar estos efectos se pueden emplear diversas técnicas. Los abonos verdes aportan numerosas raíces jóvenes y materia orgánica fresca que sirve de sustrato a los organismos descomponedores. Las cubiertas verdes permanentes, segadas en el momento adecuado, tienen las ventajas de los abonos verdes y, como ya se señaló, son la mejor forma de mantener la estabilidad estructural. Un contenido suficiente en humus crea las condiciones adecuadas para el buen desarrollo de la actividad biológica. A la mejora de estas condiciones también contribuyen los acolchados o malhojos, los cuales además aportan sustrato orgánico. Por el contrario, numerosos tratamientos fitosanitarios y los abonos con elevado contenido en nitrógeno soluble son perniciosos para la actividad biológica del suelo.

 

 

Laboreo, erosión y mantenimiento del suelo

 

El suelo es un recurso natural limitado*, frágil y de difícil y lenta recuperación, que actualmente está siendo sometido a un grave deterioro debido a la sobreexplotación, las técnicas agrarias incorrectas y la pérdida de la cubierta vegetal.

La lista de actividades agrarias que perjudican al suelo es larga y contiene todas aquellas que perjudican la estructura y el perfil (laboreos incorrectos, empobrecimiento en materia orgánica, reducción de la actividad biológica), dejan el suelo desnudo durante largos períodos (sobrepastoreo, barbechos blancos, quema de rastrojos), favorecen la erosión hídrica o eólica (destrucción de setos, cultivo en pendientes) o contaminan el suelo (aplicación de productos químicos).

Los efectos de estas actividades son de dos tipos: por una parte pérdida de la calidad del suelo, bien sea como pérdida de fertilidad o bien como contaminación, y por otra como pérdida cuantitativa de suelo.

La pérdida cuantitativa de suelo es un problema de grandes dimensiones que, además, afecta principalmente a los horizontes más superficiales del suelo y, por tanto, a los más ricos en nutrientes, materia orgánica y seres vivos. Este hecho es doblemente perjudicial, por una parte se pierden las capas más fértiles y por otra se produce la eutrofización de los ríos y pantanos al acumularse en ellos los materiales erosionados.

La erosión es un proceso natural, pero que puede ser favorecido (erosión acelerada) o limitado por la actividad humana. Los tipos de erosión que afectan principalmente al suelo son la eólica y la hídrica. La primera tiene escasa importancia en nuestra zona. Su incidencia depende de la fuerza del viento, del clima, de factores edáficos y de la cubierta vegetal. Los factores edáficos están fundamentalmente relacionados con el porcentaje de agregados mayores de 0'8 mm.

La erosión hídrica es, con diferencia, la más importante en nuestra zona, así como de forma global. Los factores que controlan los procesos de erosión hídrica son el clima (agresividad de la lluvia), el suelo (textura, estructura, rugosidad y pedregosidad superficiales, perfil, naturaleza del sustrato, humedad inicial del suelo, velocidad de infiltración del agua, capacidad de campo), la fisiografía (inclinación, forma y longitud de la pendiente) y la vegetación o cubierta del suelo.

En suelos cultivados, la erosión hídrica suele pasar desapercibida pues, con las labores, se borran las marcas que ha podido dejar, hasta que llega al extremo de aflorar la roca madre.

 

Medidas de control de la erosión.

El problema de la erosión está técnicamente resuelto. Es decir, las medidas necesarias para evitarla, o para mantenerla en unos niveles aceptables, son conocidas y es fácil en la mayoría de los sistemas agrícolas. El problema de la erosión no es, por tanto, técnico, sino de tipo económico, social, político, etc.

Las medidas para controlar y reducir la erosión eólica implican actuar sobre la velocidad del viento y la resistencia del suelo. Para ello se emplean cortavientos, se disponen los cultivos en franjas perpendiculares a la dirección del viento, se evita dejar el suelo desnudo (Fig. 6). En cuanto a las medidas relacionadas con el laboreo tenemos las siguientes:

    - Obtener una textura grumosa o terronosa, para lo que se utilizarán aperos que disgreguen poco el suelo y se realizarán las labores en tempero.

    - Retrasar al máximo el laboreo, dejando el suelo cubierto de rastrojo, malhojo, etc.

    - Labrar dejando la superficie rugosa.

    - Labrar en sentido perpendicular a la dirección de los vientos dominantes.

    - Emplear técnicas de no laboreo con cubierta vegetal permanente (Fig 7).

En cuanto a la erosión hídrica, las medidas están dirigidas a disminuir la escorrentía y su velocidad y aumentar la resistencia del suelo, mediante abancalamientos, mantener el suelo cubierto de vegetación, malhojo, etc, sistemas de drenaje y caballones u obstáculos que rompan la continuidad de la pendiente. Las medidas que conciernen al laboreo son:

    - Labrar siguiendo las curvas de nivel.

    - Al igual que en el caso anterior, obtener una textura grumosa y dejar el suelo cubierto el máximo tiempo posible.

    - Emplear técnicas de no laboreo con cubierta vegetal permanente.

 

 


CONTROL DE PLAGAS Y ENFERMEDADES.

 

El agroecosistema debe ser analizado en su conjunto, observando los elementos que lo configuran (suelo, clima, cultivos, insectos, etc.) y las actuaciones humanas sobre él (fertilización, riego, labores, tratamientos, etc.) globalmente y atendiendo también a las múltiples interrelaciones que se establecen.

Los factores que llegan a considerarse plaga o enfermedad no lo son por sí mismos, son consecuencia de un desequilibrio, ya sea por fallos nuestros, variaciones en el clima o cualquier otro elemento perturbador que ha llevado a esa situación. Por lo tanto, el primer paso a dar cuando surge un problema fitosanitario es analizar las causas que han producido ese desequilibrio e intentar restablecerlo.

 

 

Prevención de las plagas y enfermedades.

 

La mayoría de las plagas y enfermedades pueden ser previstas y planificar los cultivos con el fin de evitar su incidencia. Por el contrario, numerosas labores pueden debilitar a las plantas, aún cuando aparenten un mejor desarrollo, haciéndolas más sensibles y susceptibles del ataque de plagas y enfermedades.

 

Empleo de variedades adaptadas.

La rusticidad de las variedades autóctonas provienen de la larga convivencia con las plagas y enfermedades que les afectan, a las que se han podido adaptar con el tiempo. Las variedades exóticas, poco adaptadas a las condiciones climáticas, y las seleccionadas por su alto rendimiento, presentan mucha más sensibilidad a los agentes patógenos.

Actualmente, la importación por el hombre de plagas y enfermedades lejanas, así como las variaciones ambientales producidas por la contaminación, hacen que las variedades autóctonas presenten sensibilidad a determinados problemas. No obstante, continúan siendo mucho más resistentes y, por tanto, son un factor importante para prevenir el efecto de las plagas y enfermedades.

Las variedades deben ser elegidas por responder perfectamente a los condiciones de suelo y clima de la parcela, junto con otras características como responder a las necesidades comerciales.

 

Biodiversidad.

El mantenimiento de una elevada biodiversidad permite mantener mucho más eficazmente el equilibrio ecológico de la finca, reduciendo el impacto de las plagas y enfermedades.

Especial atención debemos tener con la fauna útil o enemigos naturales, los cuales mantienen a las plagas por debajo de los niveles de población que pueden causar daños. Para ello debemos procurar que cuenten con alimentos alternativos, como el polen, cuando las poblaciones de plaga son muy bajas, respetar sus refugios, así como evitar cualquier tratamiento que pueda perjudicarles.

El monocultivo presenta las condiciones idóneas para el desarrollo de los patógenos adaptados a la especie en cuestión. La fatiga del suelo producida por la repetición consecutiva de un mismo cultivo es causa de debilitamiento de las plantas y, por tanto, favorece el desarrollo de los patógenos.

 

Fertilización.

Una fertilización correcta y equilibrada es la base para un buen desarrollo de las plantas, sanas y resistentes a los potenciales patógenos que pueden atacarla.

El exceso de nitrógeno soluble predispone a las plantas al ataque de insectos, dado que aumenta su contenido en azúcares y las partes tiernas, haciendo más apetecibles los brotes. Un cambio brusco en el pH o de los elementos de la solución del suelo provoca también desequilibrios y heridas que anteceden a los ataques de hongos y otros patógenos en las raíces. El exceso de abono orgánico fresco, especialmente cuando se incorpora en profundidad, provoca modificaciones perjudiciales en el suelo que se traducen también en un debilitamiento y mayor sensibilidad a las plagas y enfermedades.

 

Tratamientos fitosanitarios.

Cuando se hace necesario un tratamiento fitosanitario debemos cuidar no desequilibrar con él los restantes elementos del agroecosistema. Para ello procuraremos emplear productos que sean lo más selectivos posibles o, al menos, que no afecten a la entomofauna útil o produzcan resistencias.

Los productos que actúan indirectamente, reforzando la planta, como los purines de cola de caballo o de ortiga, actuando de repelentes, como el aceite de nim, ejercen una acción física, como el aceite mineral o el jabón, o son muy selectivos, como el Bacillus thuringiensis, no suelen plantear problemas. Por el contrario, los biocidas poco selectivos, como la rotenona o las piretrinas, crean resistencias en las plagas que se tratan y eliminan también a los enemigos naturales.

Las formas resistentes dificultan su tratamiento posterior, por lo que su aparición ocasiona numerosos perjuicios. Los daños sobre la fauna útil provocan que las poblaciones controladas por ellos se conviertan en plaga, al eliminar sus enemigos naturales. Para evitar estos problemas debemos eludir al máximo el empleo de sustancias que puedan generarlas y, principalmente, no emplearlas de forma repetitiva.

En muchos casos el problema generado por los tratamientos es abrir huecos en el nicho ecológico, los cuales son rápidamente ocupados por las especies oportunistas y de rápido crecimiento, entre las que se pueden encontrar muchas plagas y enfermedades. Por ejemplo tras desinfecciones del suelo con vapor o con productos químicos es frecuente su colonización por Fusarium oxysporum, el cual puede refugiarse en profundidad, al ser resistente a las condiciones extremas, sobreviviendo al tratamiento, y puede reinfectar rápidamente la zona desinfectada al encontrar muy poca competencia.

 

Labores culturales

Las plantas cultivadas según su ciclo vegetativo, en general, son más resistentes a las plagas y enfermedades que aquellas en que se fuerza para obtener producciones fuera de temporada.

Las fechas de siembra y los ciclos de cultivo pueden ser planificados para que las fases más sensibles de la planta no coincidan con los momentos de mayor expansión de los patógenos.

El laboreo continuado o profundo, cuando produce rotura de raíces, así como las heridas de poda, crean zonas que facilitan el acceso de los patógenos a las plantas.

Las podas ligeras en los frutales, al permitir la aireación e insolación del interior de la copa, puede reducir la presencia de hongos y otros patógenos. Por otra parte, se tiene que tener precaución con la limpieza de los instrumentos de poda, pues pueden ser un vehículo de transmisión de numerosas enfermedades.

En el riego se debe evitar mantener mucho tiempo húmeda la zona del cuello, para evitar pudriciones y otras enfermedades. Incluso en las especies leñosas es mejor no mojar un radio de un metro alrededor del tallo.

 

Métodos de control

 

Si, a pesar de haber adoptado las medidas preventivas, el cultivo se desequilibra y surgen problemas, contamos con una serie de métodos con los que reducir las poblaciones de patógenos.

Debemos ser conscientes que estos métodos nos permiten recuperar el equilibrio, nunca debemos plantearnos aniquilar una plaga. Con ello queremos indicar que no debemos preocuparnos por la presencia de individuos que ocasionan las plagas o por pequeños brotes aislados de síntomas de una enfermedad, es normal la existencia de ciertos niveles de patógenos en el cultivo, los cuales producirán un daño inferior a los costes que supondría su tratamiento. Sólo cuando crecen las poblaciones de los patógenos por encima de ciertos umbrales debemos preocuparnos y aplicar las técnicas que nos permiten reducir su número por debajo del umbral.

 

Asociación con plantas repelentes o cebo

Además de procurar una elevada biodiversidad, podemos emplear asociaciones con ciertas plantas para que actúen como repelente o como cebo de los patógenos. Las primeras, colocadas en los márgenes o asociadas entre el cultivo, intervienen como repulsivo gracias a las sustancias pegajosas, olorosas o venenosas que exhalan por las raíces, los tallos o las hojas, impidiendo que los patógenos ataquen el cultivo.

Las plantas cebo, por el contrario, atraen especialmente a los patógenos, por lo que se concentran en ellas, permitiendo realizar los tratamientos únicamente sobre las plantas cebo o realizar un control directo eliminándolas cuando veamos que contienen mucho patógeno. Por ejemplo, plantas de pepino al final de cada línea de cultivo en un invernadero atrae a los adultos de mosca blanca del invernadero (Trialeurodes vaporariorum).

 

Tabla de asociaciones con plantas repelentes o cebo

 

Métodos culturales

Abonado: el abonado orgánico fortaleza a las plantas frente a Phytophtora y otros hongos. Enmiendas de calcio donde no abunda o en semilleros disminuye el ataque de Botrytis, Verticillium y Rhizoctonia. La mezcla de oligoelementos (Cu, Mn, Co, Bo) con las semillas de girasol hace que las plantas jóvenes sean más resistentes a la podredumbre blanca o Sclerotinia. El molibdeno mejora la resistencia de la patata al mildiu.

Laboreo: con un correcto laboreo se mejora la aireación del suelo, reduciendo los efectos de algunas enfermedades como la Phytophtora. También se exponen a la insolación y aireación numerosas larbas y formas invernantes de insectos que de esta forma se secan y mueren.

Compostaje: el compostaje de los residuos de cosechas, del estiércol o de cualquier otro material que se valla a emplear como abono orgánico, permite eliminar numerosos patógenos y las semillas de hierbas.

 

Control biológico

Pocos seres vivos carecen de enemigos naturales y, en muchos casos, estos enemigos pueden mantener las poblaciones de patógenos por debajo de los niveles que deben preocuparnos.

Existen diferentes metodologías para aprovechar el control biológico en la lucha contra las plagas y enfermedades:

Potenciar los enemigos naturales existentes en el propio cultivo: es la forma más barata y ecológica de actuar. Podemos actuar de diversas formas para potenciarlos:

    - Cuidar no realizar tratamientos que puedan dañarlos.

    - Mantener refugios y alimentación alternativa, mediante setos, cubiertas vegetales, adventicias en los márgenes o cajas nido para las aves.

    - Aportar alimento complementario, por ejemplo rociando levadura y azúcar sobre la cosecha mantenemos predadores polífagos como crisopas, sírfidos y coccinélidos cuando no abundan las plagas.

    - Aportar abundante materia orgánica al suelo para aumentar las poblaciones de microorganismos saprófitos que actuarán de antagonistas de las enfermedades del suelo.

Introducir enemigos naturales foráneos: cuando las plagas son exóticas o los enemigos naturales existentes no consiguen un buen control, se recurre a la introducción de predadores o parásitos importados de otras zonas. Si los enemigos naturales se adaptan bien a nuestras condiciones puede ser suficiente con realizar una suelta y seguir las pautas del apartado anterior. En el caso contrario, hará falta introducciones masivas cada vez que la plaga se extienda en nuestro cultivo.

 

Tabla de enemigos naturales de las plagas y enfermedades

Enlace con Cornell University www.nysaes.cornell.edu/ent/biocontrol

 

Control microbiológico

Consiste en aplicar microorganismos causantes de enfermedades en los patógenos de nuestros cultivos. Algunos de ellos tienen un efecto muy rápido y se pueden encontrar comercializados como insecticidas, como es el caso de Bacillus thuringiensis, bacteria empleada en el control de larvas de mariposas y escarabajos, lo normal es que su acción sea lenta, debilitando a las presas al cabo del tiempo.

Se conocen más de 1.000 microorganismos útiles, entre hongos, nematodos, protozoos, bacterias y hongos. Se debe tener precaución en su uso, pues pueden aparecer resistencias en las plagas o enfermedades combatidas con este método.

 

Métodos físicos

Incluyen todas aquellas técnicas que permiten combatir los patógenos a través de efectos físicos como el calor o quedar atrapados por una trampa.

Desinfección mediante calor: aunque llegar al extremo de tener que desinfectar el suelo es síntoma de una mala realización de las rotaciones y asociaciones, cuando se presenta la necesidad podemos realizarla mediante calor, bien por solarización o por aplicación de vapor o de agua muy caliente.

La solarización consiste en cubrir el suelo húmedo y bien mullido con un plástico, el cual se sella por los extremos enterrándolo, y dejar que el suelo se caliente por el sol. Según las condiciones climáticas o los patógenos que se desee eliminar, en verano puede hacer falta entre 3-6 días (Verticillium dahliae, Rhyzoctonia solani, Pythium ultimum, Thielaviopsis basicola) y 4 a 6 semanas (Sclerotium sp.). Permite eliminar también las semillas de numerosas plantas adventicias. No se debe abusar de su empleo, pues daña también la microflora beneficiosa del suelo.

Trampas: consisten en atraer a los patógenos a trampas especiales en las que quedan encerrados o mueren por diversas causas. Los sistemas de atracción pueden emplear feromonas, sustancias alimenticias, luz, color o succión por corriente de aire. Una vez atrapados, los patógenos pueden quedar adheridos a superficies pegajosas o morir electrocutados o por sustancias tóxicas.

Barreras: se pueden emplear diversos tipos de barreras que impidan el paso de los patógenos. Por ejemplo, se utilizan cercas metálicas o eléctricas contra liebres, conejos, caracoles y babosas, mallas finas contra insectos, plásticos de invernadero para los insectos o cintas con aceite alrededor de los troncos para impedir que suban las hormigas.

 

Métodos químicos

En agricultura ecológica está muy restringido el uso de sustancias químicas, deberemos emplear sólo las que están autorizadas y únicamente cuando sea estrictamente necesario.

Preparados vegetales: numerosas plantas han desarrollado sustancias que las protegen de sus enemigos, como potentes venenos y repelentes. Mediante diversas técnicas, como la fermentación, decocción o infusión, estas sustancias pueden extraerse y aplicarse en los cultivos. En general están autorizadas, aunque algunas, como la nicotina del tabaco, están prohibidas en agricultura ecológica por sus efectos tóxicos sobre las personas. Aquellos que actúan como repelentes o reforzando la planta no presentan inconvenientes, pero los que resultan tóxicos para los patógenos, como la rotenona y las piretrinas, producen estirpes resistentes, por lo que deben ser empleados con mucha moderación.

 

 

Tabla de preparados químicos útiles en sanidad vegetal

 


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Esta página se ha realizado dentro de las actividades del proyecto
PROMOCIÓN DE LA AGRICULTURA ECOLÓGICA: SU PRODUCCIÓN Y CONSUMO,
de la Red Carrefour de Información y Animación Rural de la Comisión Europea